Un soñador...
Alguien me habló de la Capilla Sixtina, de cuando aquel gran Miguel Angel empezo la extenuante tarea de pintarla. Digo extenuante porque en los años siguientes a empezar aquella tarea, hubo de sufrir todo tipo de envidias, calumnnias y penurias! para poder llevar a cabo una de sus obras más grandes. Triste éso de que el genio, y no solo Buonarrotti sino todos los genios, tengan que padecer, sufrir y aún morirse de hambre y en el olvido, sacrificados siempre en aras de lo que aman, el arte.
Miguel Angel ha supuesto para mi siempre una figura enigmática. Era un pobre chico huérfano de madre criado por un padre exigente, su destino servir de guardia, su sueño llegar a ser un pintor. Lo lograría claro! a base de pura perseverancia y sacrificio. Del taller de Ghirlandaio, pasando por la mansión de Il Magnifico, Buonarrotti fue convirtiéndose en un símbolo del hombre renacencista, solo comparado a otro grande, Leonardo Da Vinci.
Claro! al igual que aquel otro italiano, Buonarrotti pasó de la escuela de Artesanos a las cortes de los más encumbrados personajes y a servir a 2 Papas, a convertirse en pintor, arquitecto y constructor. Estudio anatomía a escondidas cada noche durante su adolescencia para luego trasladar sus observaciones, a los magnificos musculos de su David. Cada día sobre el andamio de la Sixtina se fue mermando su salud, al final acabaría muriendo sin la gloria, que años después lo llevaría a ser referente y uno de los más grandes pintores y escultores del mundo.
No sirven todos los elogios para el llamado genio de Florencia. Y vamos viendo que no los necesita, su obra habla por si misma y servirá como ha sido hasta ahora, para maravillar los ojos de los menos afortunados en el talento artístico. En cuanto a mi, Miguel Angel me supone...una imágen de lo que ahora está tan de moda hablar, los sueños personales.
Soñaba con ser pintor, con trabajar el mármol, contra la costumbre y la imposición familiar, luchó para lograrlo. No fué facil, fueron muchos sufrimientos y miserías, mismos que no acabaron ni cuando ya era un reconocido artista. Siempre cediendo en pro de su arte. Pues bien, si aquel triste chico delgado y débil que escapaba todas las noches de su casa cercana al Arno, para ir a la morgue y estudiar los musculos de los difuntos, pudo preservar hasta elevarse con su sueño...
Me pregunto porque el resto de la gente, nosotros mortales como él, quizá no destinados a llegar a ser pintores de renombre universal, pero que tenemos sueños y aspiraciones, no podemos ir en pos de ellos. Acaso por no ser enormes sueños, no debemos buscarlos. Vamos que ya lo dicen! si lo podemos soñar, lo podremos lograr! a ver si nos dejamos de lado los titubeos y vamos en pos de esos sueños!

